Hace casi dos años, mientras Apapacho Infinito atravesaba un momento increíble, comenzó para mí un proceso personal muy fuerte.
Tuve que tomar una decisión que traería grandes cambios para mí y para mi familia: divorciarme.
Si en algún momento pensé que la enfermedad y, posteriormente, la muerte de mi mamá habían sido procesos difíciles, todavía no alcanzaba a imaginar lo que esta nueva etapa representaría para mí.
Una de mis hijas me pidió que no hablara sobre ello en el podcast. Respetar su deseo me llevó a tomar otra decisión importante: poner Apapacho en pausa. Mirelle me apoyó de manera incondicional y esperó, con paciencia, el tiempo que necesité para regresar.
Cuando mis islas de identidad se derrumbaron
Durante ese periodo sentí que, como sucede en la película Intensamente, todas mis islas de identidad se derrumbaban.
Al tomar la decisión de divorciarme —quizá la más difícil de mi vida— también se desmoronaron muchos de los sueños que había construido en mi mente. Aquello en lo que puse tanta energía y empeño dejó de existir como lo había imaginado. Y, junto con eso, también comenzó a desaparecer la Michelle que yo creía ser.
El proceso del ave fénix
A lo largo de mi vida había cambiado muchas veces, por supuesto. Pero esta experiencia fue distinta. Se sintió como atravesar el proceso del ave fénix: ver cómo algo se consume para después mirar las cenizas y preguntarme qué quería conservar, qué ya no funcionaba y qué podía formar parte de una nueva versión de mí.
Durante un tiempo no sabía quién era, qué quería ni hacia dónde deseaba ir. Había vacío, incomodidad y una enorme incertidumbre en aspectos fundamentales de mi vida.
La compañía que sostiene
Mi primera reacción fue querer aislarme del mundo. Sin embargo, aun cuando yo quería esconderme, hubo personas maravillosas que permanecieron cerca y no me soltaron. Su compañía fue una parte muy valiosa de este proceso.
Construir un lugar seguro
De pronto me sentí completamente desprotegida. Por eso, mi primer paso fue hacer un nido.
Como un pajarito, necesitaba construir un lugar seguro para mí y para mis hijas. Un espacio en el que pudiéramos sentirnos protegidas y comenzar a reconocer nuestra nueva vida.
Encontrar seguridad en lo cotidiano
Durante una etapa, lo único que quería era permanecer en casa, cocinar y ocuparme de las tareas del hogar. Dentro de lo cotidiano y repetitivo, esas acciones comenzaron a devolverme cierta seguridad.
Fuimos estableciendo nuevas rutinas, nuevos momentos y otras formas de convivencia. Aunque seguíamos habitando la misma casa, necesitábamos permitir que se sintiera más ligera y nueva.
Mis hijas, mi prioridad
Mis hijas fueron mi prioridad. Quería estar presente para ellas y acompañarlas en sus propios procesos, que también fueron dolorosos y profundamente transformadores. Cada una vivió este cambio de una forma distinta, con sus propios tiempos y necesidades.
Vivir con la energía en reserva
Pasé casi un año sin fuerza ni ganas de hacer ejercicio. Sentía que mi energía estaba siempre en reserva y que, por más que durmiera, nunca terminaba de recuperarla.
Así que ajusté mi vida a lo esencial.
El alejamiento de las redes sociales
También me alejé de las redes sociales. Durante casi un año prácticamente no aparecí por ahí. En ocasiones entraba para buscar algo específico, pero eliminé las aplicaciones de mi celular. Esa distancia me permitió reconocer cuánta energía consumían en mí.
La identidad en construcción
Mientras tanto, mi identidad parecía estar en construcción. Era como despedirme de quien había sido sin saber todavía en quién me convertiría.
Tuve que aceptar, aunque me resultara incómodo, que no tenía todas las respuestas. Y empecé a preguntarme con honestidad qué partes de mí quería conservar y cuáles ya no deseaba llevar conmigo.
Volver a mi centro
Mi proceso terapéutico y algunos espacios de aprendizaje e introspección fueron esenciales para ayudarme a regresar a mi centro. No hicieron que el camino dejara de ser difícil, pero me ofrecieron acompañamiento mientras intentaba comprender lo que estaba viviendo.
Aprender a comenzar de nuevo
También tuve que enfrentar muchos miedos. Algunos podían parecer sencillos, como aprender a matar una cucaracha; otros eran mucho más complejos, como responsabilizarme de las consecuencias de mis decisiones.
Capacitarme y cuestionar mis creencias
Comencé a capacitarme y a adquirir nuevos conocimientos. En ese recorrido fui cuestionando muchas de las creencias que tenía sobre mis capacidades, mi valor, mi suficiencia y mi posibilidad de reincorporarme a la vida laboral.
Empecé a descubrir que reconocer "no sé hacer esto" no tenía que ser el final de la conversación. También podía agregar: "pero puedo aprender".
Comenzar desde cero
Eso implicaba aceptar que comenzaría desde cero, que cometería errores y que tendría que redireccionar mi camino más de una vez. No ha sido un proceso lineal ni perfecto, pero cada aprendizaje me ha permitido recuperar una parte de mi confianza.
La fe como una forma de sentirme sostenida
Uno de los aspectos más significativos de este proceso ha sido trabajar activamente en mi fe y volver a confiar en Dios.
En los momentos de mayor oscuridad y confusión, hubo situaciones que me hicieron sentir sostenida. Cada persona puede nombrarlas de la manera que tenga sentido para ella: Dios, sincronías, milagros, vida o coincidencias. Para mí fueron respuestas que aparecieron mientras avanzaba.
Respuestas que aparecieron mientras avanzaba
Algunas llegaron de formas muy concretas. Por ejemplo, el horario de la escuela de una de mis hijas cambió de tal manera que pude llevarlas y recogerlas a ambas sin que sus horarios se empalmaran. Y así sucedieron otras cosas que, poco a poco, me ayudaron a confiar.
Acción y confianza
Comprendí que mi parte era actuar y mantenerme abierta a aprender, pero también dejar de querer controlar cada detalle. No porque todo se resolviera mágicamente ni porque desaparecieran los problemas, sino porque vivir desde la preocupación constante me estaba agotando.
He intentado avanzar con acción y confianza: haciendo lo que me corresponde y permitiendo que algunas respuestas se revelen mientras camino.
Mirar la vida desde otro lugar
Siempre he pensado que la vida se parece a una obra de teatro. Mientras más nos aferramos al personaje que creemos que debemos representar, más difícil puede resultar observar la obra completa.
Durante mucho tiempo viví identificada con un personaje y con una historia que pensé que sería para siempre. Hoy comienzo a reconocerme no solamente como actriz, sino también como directora de mi propia vida.
No puedo controlar todo lo que ocurre en el escenario. Tampoco puedo cambiar a los demás personajes. Pero sí puedo observarme, tomar decisiones y transformar, con paciencia y persistencia, la manera en que participo en mi historia.
Volver a mí
Quizá eso ha sido volver a mí: no encontrar una versión terminada de quien soy, sino aprender a acompañarme mientras continúo construyéndola.
Si tú también estás viviendo un cambio y deseas mirarlo acompañada, te invito a conocer los Martes de Apapacho. Es un espacio para hacer una pausa, observar nuestra vida con mayor perspectiva y recordar que, además de representar nuestros distintos papeles, también podemos participar conscientemente en la dirección de nuestra historia.