Comunidad

Círculos de cacao: el espacio que creamos entre todas

Una pausa preparada con intención, cacao y escucha para encontrarnos con nosotras mismas y sentirnos acompañadas por otras mujeres

Michelle Planella·29 de agosto de 2026
Mujeres reunidas en un círculo de cacao preparado con flores, mandala y altar

Para mí, preparar un círculo de cacao se parece mucho a limpiar y ordenar la casa antes de recibir a personas queridas.

No se trata solamente de que todo se vea bonito. Se trata de disponer el espacio con cuidado, pensar en quienes llegarán y preparar cada detalle con el deseo de que puedan sentirse bienvenidas, acogidas y seguras.

¿Qué es un círculo de cacao?

Un círculo de cacao es un encuentro preparado con intención en el que un grupo de personas se reúne para hacer una pausa, observar cómo se encuentra y compartir desde la escucha y el respeto. El cacao acompaña la experiencia junto con elementos como la meditación, la música, la respiración y la presencia del grupo.

En Apapacho Infinito, estos encuentros están pensados para que las mujeres puedan escucharse, sentirse acompañadas y recordar que no tienen que vivir todos sus procesos en soledad.

Todo comienza con la intención

Antes de cada círculo elegimos el tema que nos acompañará. A veces nos reunimos para soltar y cerrar un ciclo; otras, para mirar algo que estamos viviendo o profundizar en un tema particular.

A partir de esa intención pensamos en la dinámica que trabajaremos. Elegimos las flores y sus significados, formamos el mandala, preparamos el altar y seleccionamos los ingredientes que acompañarán al cacao.

Para nosotras, cada elemento habla. Cada ingrediente tiene un mensaje, representa algo y ocupa un lugar dentro de la experiencia.

Esa es la esencia de Apapacho Infinito: crear espacios con amor para que las mujeres puedan hacer una pausa, sentirse recibidas y recordar que no tienen que atravesar todos sus procesos en soledad.

Nosotras también llegamos al círculo

Antes de recibir a las participantes, Mirelle y yo también nos preparamos.

Procuramos no llegar con prisas ni llevar el ritmo acelerado del día al encuentro. Necesitamos hacer nuestra propia pausa, centrarnos y preparar nuestra energía para estar verdaderamente presentes.

Facilitar un círculo no significa tener todas las respuestas. Tampoco significa dirigir lo que cada mujer debe sentir o compartir.

Nuestro papel es cuidar el espacio, proponer una intención y acompañar lo que suceda. Cada participante decide hasta dónde desea compartir. Nadie tiene que hablar, explicar o mostrar algo para lo que todavía no se siente preparada.

Mirelle y yo somos las facilitadoras, pero el círculo lo creamos entre todas.

Una pausa dentro de la vida cotidiana

Vivimos con frecuencia entre pendientes, responsabilidades, conversaciones apresuradas y decisiones que apenas alcanzamos a procesar.

Podemos pasar días enteros funcionando en automático sin preguntarnos con calma:

  • ¿Cómo está mi cuerpo?
  • ¿Qué estoy sintiendo?
  • ¿Qué necesito en este momento?
  • ¿Qué parte de mí he dejado de escuchar?

El círculo abre un espacio para volver a esas preguntas.

No necesariamente para responderlas todas, sino para detenernos lo suficiente y reconocer cómo nos encontramos a nivel físico, emocional y espiritual.

A veces necesitamos algo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan difícil como nombrar lo que estamos viviendo.

En una cultura que avanza con tanta rapidez, donde muchas veces vivimos en automático y también en aislamiento, los círculos de cacao pueden convertirse en un espacio para pausar, comprendernos y observar nuestro proceso con mayor claridad.

La experiencia de no sentirnos solas

Algo muy especial sucede cuando una mujer comparte su experiencia y otra reconoce una parte de sí misma en sus palabras.

Tal vez sus historias sean distintas, pero la emoción resulta familiar. Una duda, un miedo, una pérdida o una decisión que parecía vivirse en soledad encuentra un eco en alguien más.

Escuchar a otras mujeres puede ayudarnos a descubrir perspectivas que no habíamos considerado. Y cuando compartimos nuestra propia historia, también podemos ofrecer una mirada que otra mujer necesitaba encontrar.

A veces somos espejo. A veces encontramos un espejo en alguien más.

No porque tengamos la solución para la vida de otra persona, sino porque una experiencia compartida con honestidad puede recordarnos que no somos las únicas atravesando preguntas, cambios o momentos difíciles.

En el círculo también descubrimos que nuestra historia puede acompañar a alguien más. Aquello que vivimos, aprendimos o resolvimos puede ofrecer consuelo, claridad o una nueva posibilidad a otra mujer que está atravesando algo parecido.

Cada una llega con algo propio y, al compartirlo, todas podemos aprender.

El lugar del cacao dentro del círculo

El cacao ha ocupado un lugar importante en las culturas mesoamericanas. Para nosotras, su presencia dentro del círculo también tiene un sentido simbólico: acompaña la intención con la que nos reunimos y nos invita a bajar el ritmo, sentir y estar presentes.

Podemos observar su participación en la experiencia desde dos dimensiones: lo que sucede en el cuerpo y lo que se construye emocionalmente dentro del círculo.

El cacao contiene teobromina, uno de sus componentes principales. Esta puede contribuir a una sensación de energía, a disminuir ligeramente la fatiga y a mantener una concentración más sostenida. Su efecto corporal puede permanecer durante varias horas y suele sentirse de una manera más suave que el estado de aceleración que producen otros estimulantes.

También contiene flavanoles, compuestos relacionados con la producción de óxido nítrico y la función vascular. Esto puede generar sensaciones físicas como calor, una mayor percepción del pulso, estimulación o una ligera sensación de expansión.

Estas respuestas corporales pueden formar parte de lo que algunas personas describen como una sensación de "corazón abierto". Sin embargo, la experiencia no depende únicamente de los componentes del cacao. También intervienen la música, la respiración, la intención, las expectativas, el momento personal de cada mujer y la seguridad que comienza a construirse dentro del grupo.

El sabor y la temperatura del cacao también tienen un lugar importante. Sostener la taza entre las manos, beber lentamente y prestar atención a lo que sentimos nos ayuda a hacer una pausa y a entrar de manera consciente en la experiencia.

Cuando todos estos elementos se reúnen —el cacao, la música, la meditación, la respiración, la intención, el vínculo grupal y la sensación de ser cuidada— puede generarse un estado de bienestar, conexión y apertura emocional.

Cada mujer puede experimentarlo de una forma diferente. Algunas sienten más energía; otras, tranquilidad, emoción, calor o una mayor conexión con su cuerpo.

No buscamos provocar una reacción determinada. Buscamos crear las condiciones para que cada participante pueda observar lo que está viviendo y escuchar lo que necesita.

La intención transforma la experiencia

La intención no cambia químicamente la teobromina ni los demás componentes del cacao, pero sí puede cambiar nuestra manera de interpretar y vivir lo que sentimos.

Beber cacao distraídamente no es la misma experiencia que hacerlo después de formular una intención, escuchar una meditación y sentirte acompañada por un círculo de mujeres.

La bebida puede ser la misma, pero nuestra forma de estar presentes cambia.

La intención nos ayuda a dirigir la atención hacia aquello que queremos observar, agradecer, comprender, soltar o comenzar. El cacao acompaña ese momento y se convierte en parte del ritual que nos permite pasar del ritmo de la vida cotidiana a un espacio de mayor presencia.

Sin embargo, lo que realmente hace la diferencia no es únicamente el cacao.

Es el grupo que se forma.

El círculo lo hacemos entre todas

La preparación del espacio importa. El altar, las flores, el mandala, la música, la intención y el cacao ayudan a crear el ambiente.

Pero lo que verdaderamente vuelve único cada círculo son las mujeres que llegan.

Ningún encuentro se repite, porque las participantes tampoco son las mismas. Cada una aporta su historia, su silencio, sus preguntas, su manera de escuchar y, cuando así lo desea, su apertura a mostrarse vulnerable.

El círculo se construye cuando escuchamos sin tratar de corregir. Cuando respetamos el silencio. Cuando una mujer comparte y las demás reciben sus palabras sin juzgarlas. Cuando comprendemos que podemos acompañarnos sin tener que resolvernos unas a otras.

Todas podemos ser espejo para alguien más. Todas podemos encontrar una respuesta en lo que otra mujer comparte. Y todas contribuimos a construir ese espacio donde es posible detenernos, escucharnos y recordar que no tenemos que vivir nuestros procesos en soledad.

Mirelle y yo preparamos cada detalle y facilitamos la experiencia, pero el círculo cobra vida con la presencia de todas.

Salir con un poco más de claridad

Hay algo muy bonito y profundo en lo que se vive dentro de un círculo.

A veces aparece una respuesta; otras veces, una pregunta que necesitábamos hacernos. Puede surgir alivio, emoción, silencio o simplemente la posibilidad de bajar el ritmo por un momento.

Cada mujer vive la experiencia de una manera diferente. No todas necesitan encontrar una gran revelación.

Para nosotras, lo importante es que cada participante pueda salir con un poco más de claridad, tranquilidad y paz que cuando llegó.

Quizá eso sea lo más valioso del círculo: recordar que podemos detenernos, escucharnos y volver a nosotras mismas acompañadas.

Si deseas vivir esta experiencia, te invitamos a conocer las próximas fechas de nuestros círculos de cacao.

Preguntas frecuentes

¿Qué se hace en un círculo de cacao?

Cada círculo puede ser diferente, pero generalmente incluye una intención, una meditación, ejercicios de introspección, música, respiración, una dinámica grupal y un espacio para compartir. El cacao acompaña la experiencia como parte del ritual y del momento de pausa.

¿Es necesario tener experiencia en meditación?

No. No necesitas saber meditar ni haber participado antes en un círculo. Las facilitadoras explican y acompañan cada momento de la experiencia.

¿Tengo que hablar o compartir algo personal?

No. Cada mujer decide libremente si desea compartir y hasta dónde quiere hacerlo. También puedes participar desde el silencio y la escucha.

¿Cuál es el papel del cacao dentro del círculo?

El cacao acompaña la intención y ayuda a marcar la transición entre la vida cotidiana y el espacio del encuentro. Su temperatura, sabor y componentes pueden favorecer sensaciones de energía, calor, presencia y conexión con el cuerpo.

¿Todos los círculos de cacao son iguales?

No. Cada círculo tiene una intención, un tema y una dinámica particulares. También cambia de acuerdo con las mujeres que participan, sus historias y la manera en que se construye el encuentro.

¿Qué puedo experimentar durante un círculo?

Cada mujer vive el círculo de una manera distinta. Algunas pueden sentir tranquilidad, emoción, energía, claridad, conexión o una mayor conciencia de lo que están viviendo. No existe una experiencia única o correcta.

¿Quién facilita los círculos de Apapacho Infinito?

Los círculos son facilitados por Michelle Planella en Mérida y Mirelle Planella en Ciudad de México. Ambas preparan la intención, el espacio y las dinámicas, pero el círculo se construye con la presencia de todas las participantes.

Compartir:
Volver al Blog